Basta. Me harté. Es la cuarta vez que me cruzo en la calle con alguien que se masturba. Que se masturba en la calle. Que se masturba adelante de la gente. Recién, recién nomás me acabo de cruzar al número cuatro en Alem al 1.000. ¡Al número cuatro! Pero empiezo por el número uno.
1. El episodio más traumático y peligroso. Yo tenía 13 años, era mediados de 1993, la una de la tarde. Salía del colegio La Inmaculada con un equipo de gimnasia azul San Marco y entraba a un gimnasio que estaba al lado del restaurant Gambrinus, en la cortada del Mercado Municipal. En ese momento apareció un tipo con una pregunta:
-¿Tenés idea dónde hay un cabaret? -Como todos los que tienen problemas sexuales, llevaba puesto una campera de jean.
-Eeehhh... No, no sé. Creo que hay uno acá cerca, Acapulco -El dueño era el papá de una compañerita, por eso sabía.
El tipo miró para atrás y entonces me dí cuenta de que estaba agitado. La vista se me fue sola para abajo: se le había escapado un pedazo de intestino grueso del pantalón y lo agitaba para arriba y para abajo. Dio media vuelta y salió corriendo.
Terminé en cama. Mi mamá y mi papá sintieron vergüenza y no hablaron del episodio. Pero recibí el trato de una enferma de mononucleosis: me dejaron mirar tele en su pieza y hasta sirvieron la cena en una bandejita.
2. Buenos Aires, siete años después. En Capital se usa sentarse en las plazas, en Bahía Blanca no. Estábamos con una compañera de la facultad (en Capital se usa "facultad", en Bahía Blanca no, se dice "universidad"), en la plaza que está entre la Biblioteca Nacional y Figueroa Alcorta. Donde hay una lomita. Resalto la lomita porque es ahí donde se erigía el mástil blanco. Uno que nos miraba.
-¿Qué hacés? -le preguntó mi compañera al mástil, que estaba a unos diez metros, tenía alrededor de 20 años y se reía. Y era blanco.
-Nada, las miro.
-¿Pero no te das cuenta que estás enfermo? -Mi compañera hacía circulitos con el índice al lado de la sien.
El mástil se reía. Terminó y se fue.
3. Pocos meses después, también en Buenos Aires, caminábamos con mi amiga Pili por Ecuador y Paraguay. A los 20 años (no) sabíamos lo que hacíamos, así que caminábamos de madrugada por Buenos Aires. Entonces se acercó un tipo con una novedad que hasta entonces creía imposible: se masturbaba caminando. Era circense lo suyo.
-Pili, el que viene enfrente viene agitando algo que no es una bandera.
-A la mierda. Tenés razón.
-¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!
Gritamos tres cuadras seguidas, riéndonos a carcajadas y llorando del susto, todo a la vez.
4. Hace un rato. Caminata por Alem, la de siempre, esta vez sin música porque se me había acabado la batería del MP3. Detalle mayor, porque pude escuchar el ruido que hacía el sacadito en cuestión con lo que había sacado. Se apoyaba en la verja de una casa como si fuera un auto. Y lo que tenía afuera era negro. Negro. El sacadito no me miraba a mí, sino a dos chicas que salían de la "universidad", que está a dos cuadras. Las chicas hablaban sobre parciales y no se dieron cuenta porque estaba un poco oscuro y los parciales. Tampoco tuve ganas de avisarles. Ni a ellas ni a la gente que venía atrás. Sólo le avisé a Esteban cuando llegué a casa:
-¡¡¡¡¡¡Otra vez!!!!!!!! -grité apenas abrí la puerta.