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viernes, 10 de septiembre de 2010

La Marmota


Creo que ha llegado momento. Ya es suficiente. Es preciso hablar de La Marmota.

La Marmota tiene tres años y es exasperantemente rubia. Tiene la boca chiquita y los labios salidos para afuera. Los ojos negros. Ah, perdón, aclaro: La Marmota es masculino. Y es un nene, además.

-¡¡¡¡¡¡¡¡”Basta”, no!!!!!!!!

-¡¡¡¡¡Yo no soy bobo!!!!!!

-¡¡¡¡¡No quiero, no quiero!!!!

-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡No quiero!!!!!!!!!!!!!!!!

Su lenguaje no excede esas cuatro frases. Así conversa con su madre y su padre. La primera, una ama de casa con cara de sufrida. El segundo, un muchacho que dice “Carajo” una vez cada tarde, tose como un tuberculoso y ronca como una máquina retroexcavadora.

Ella, él y La Marmota viven en el dúplex pegado al mío.

Al igual que casi todas las mañanas, hace algunos días amanecí con un “¡¡¡¡¡No quiero, no quiero!!!!”. Entonces agarré a upa a Antonia, que le sonreía hasta a un asesino serial, y toqué la puerta en la casa de La Marmota.

Frente a los tres expliqué que escuchaba todo, que entendía cuan difícil era criar un hijo, que el dúplex tenía un terrible defecto acústico y que por favor procuraran hablar más despacio hasta que yo consiguiera sacar un crédito, comprar otra casa e irme a la mismísima mierda de ahí. Esto último no lo dije, claro.

Los días pasaron y parecía que habían entendido la consigna. Pero anoche, mientras bañaba a Antonia, escuché el siguiente diálogo:

-Hijo, hijito, vamos a bañarte. Por favor, calmate. Basta.
-¡¡¡¡¡¡¡¡”Basta”, no!!!!!!!!
-No grites. Parecés un bobo, che. Qué van a decir los primos.
-¡¡¡¡¡Yo no soy bobo!!!!!!
-Vamos al baño.
-¡¡¡¡¡No quiero, no quiero!!!!
-Vamos al baño, hijito.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡No quiero!!!!!!!!!!!!!!!!

domingo, 6 de abril de 2008

Boina de contradicciones


Parece más joven la Cristina Kirchner de la foto. Los guantes de cuero, la bufanda cual adolescente del secundario, la boina tan París intelectual de los '60. Hasta luce gauchita la presidenta que marcha por las calles de Francia.

No sé si es o se hace. Dudo que haya caminado por una calle cualquiera de su país en los últimos años. Salvo la Casa Rosada, la residencia de Olivos y los pasadizos del glaciar Perito Moreno, esta mujer no debe recordar lo que es un cordón cuneta industria nacional.

Y resulta que ahí está, en París, en-la-calle, sosteniendo una bandera en un idioma que no sabe hablar y con las manitos de una teen enamorada de la facha del Che Guevara.

Pude verla dos veces. La primera, hace unos dos años, ella y su marido estuvieron en esta ciudad sólo unas pocas horas. No hablaron con ningún medio, pero llenaron un club de barrio de gente, banderas y gritos obsecuentes sólo para que fuera filmado, fotografiado y grabado. La última vez fue hace poco, en plena campaña electoral. Cristina usó el avión oficial y los ocho kilómtros entre el aeropuerto y el centro los hizo en helicóptero.

Por eso, insisto: no sé si es o se hace. El país recién se está recuperando de un paro agropecuario de 20 días por culpa de sus bravuconadas y ella, ahí, luchando por los derechos humanos de los franceses y la cantidad justa de atún en le baguette.

miércoles, 26 de marzo de 2008

El campo de mis entrañas

No me gusta mucho la carne. Menos de noche: me da pesadillas, sueño con víboras que me corren y alcanzan y pican. Sin embargo, siempre me hago una pasadita por la góndola más sangrienta del supermercado y me compro una bandejita con unos 500 gramos de entraña, un corte de vaca poco popular en la ciudad, barato y tierno.

Creo que este mes no lo voy a conseguir. Pero no me importa. Me la banco. Igual que la descalcificación que voy a sufrir la semana que viene cuando no haya leche ni yogurt en ningún lado. Porque se viene el desabastecimiento, mis queridos: se complicó.

Nuestra presidenta Cristina Kirchner ayer se olvidó del Rivotril vespertino y salió a las seis de la tarde a hablar de diferencias de clase y distribución del ingreso. Fue contundente y hasta sólida en un par de conceptos. Pero también fue una terrible yegua. Igualita a las que ahora pretende enflaquecer con retenciones para el campo de casi el 50 por ciento.

Habló como si no la hubiesen votado, como si no tuviera la responsabilidad de la mesura, de componer a todos los sectores. Incluso al sector rural que tanto parece odial. Por si no queda claro, una orientación de Martín Caparrós en http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=1596.

Claro que en las manifestaciones de ayer y hoy se quejaron todos: desde la hija de estancieros de pulseras doradas y trajesito verde clarito hasta el chacarero de 200 hectáreas con alguna planta de tomate en el patio para la ensalada.

Detesto y me aburre la televisión, pero ayer me prendí tres horas. Admiré la cobertura de Crónica. A eso llegué. Y en cuanto escuché las primera bocinas salí corriendo a la Municipalidad. No había demasiada gente y estuve lejos de sentirme identificada con alguno de los que se quejaban en 4x4. Pero algo noté:

La clase media estornudó. Más que por la cuestión del campo, porque no se banca y le-dan-miedo las contradicciones y prepotencias de una mina que se marca los párpados con una línea de dos centímetros de ancho y usa carteras de diseño que se piden con meses de anticipación. La misma que después habla de diferencias de clase y distribución del ingreso y manda a un sindicalista-delincuente-violento-oligofrénico como Luis D´Elía a provocar al, como ella dijo, "piquete de la abundancia".

Igual, no creo que nadie esté demasiado enojado. Todavía nadie se engripó: esto es sólo un estornudo.