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viernes, 23 de julio de 2010

El momento


Todos lo hacemos. Cuando escuchamos una canción que nos gusta, tipo Let down de Radiohead, Zooropa, de U2, no sé, un tema potente, pensamos en un momento fuerte de nuestra historia.

P’arriba o p’abajo, depende de la psiquiatría del día. Si pinta autoboicot, Love of my life, de The Queen, va bien. En cambio, si la radio del auto pasa Lluvia de Noviembre, de Guns and Roses (lo que leyeron), enseguidita activamos un fuerte acto de instrospección y lloriqueamos, a veces a moco tendido, con alguna situación memorable, dramática y fundamental de nuestras vidas.

Porque de lo que se trata es de pensar en uno mismo... para variar.

Mi momento ocurrió hace cinco meses. El 8 de febrero de 2010. Así, hoy escucho Jane says, de Jane’s Adiction, recuerdo ese momento y lloro.

Estoy internada en el hospital y conectada a una sonda que se arrastra con un carrito. Esteban me acompaña en la habitación. Entra una enfermera.

-Sacate el camisón y ponete esta bata. Sólo la bata. Enseguida te vienen a buscar.

Me paro con la bata y elquetejedi al aire. Esteban saca una foto.

Entra otra enfermera arrastrando una silla de ruedas vacía. Canosa y gorda; cara de mala. Pregunta.

-¿Qué le vas a poner al bebé?
-Esto –señalo pantalón y remera diminutos.
-¿Y lana? ¿No trajiste lana?
-No. Es febrero.
-Dame más ropa. Los bebés tienen frío cuando nacen.

-Dediqué los últimos dos meses a pensar qué ponerle al bebé cuando nazca y esta forra pedazo de mierda viene con esos tonos -pienso.

Me siento en la silla de ruedas, agarrada del carrito de la sonda, con tremenda panza encima. Salimos de la habitación. La enfermera me lleva de atrás y Esteban camina al lado, en procesión. Un pasillo y doblamos en dirección a un sector en cuya entrada están mi hermano El Jhony, su mujer Anita, mi mamá La Asesina y mi papá El Pelado: parte de mi familia.

-Es como cuando te casaste –dice Anita.

Se abre una puerta y todos quedan atrás.

Después, esto.

lunes, 5 de abril de 2010

Brutal aclaración


Hace muchos años que sé que me gusta escribir. El problema es que no sé cómo se hace. A ver: algún que otro cuentito sobre la cantidad de veces que he visto gente masturbándose en la calle quizá ha resultado ingenioso, pero pará de contar. De un tiempo a esta parte me he olvidado de cómo se teclea una sola abstracción.

La culpa la tiene mi hijita Antonia. Su nacimiento hace dos meses me llenó de un amor exagerado que roza lo patológico, pero también me embruteció.

Bruta, dije.

Tartamudeo cuando quiero expresar una idea. Me choco paredes. Si deseo algo con todas mis fuerzas, eso es dormir. Hacer la cama requiere de planificación. Ordenar la casa ya es física cuántica.

Decí que leo mientras ella toma la teta, que si no estaría sentada como colicué, cruzada de brazos, balanceándome en un rincón.

Por todo esto me da vergüenza escribir. El blog se ha vuelto demasiado egocéntrico y, otra vez, no sé qué decir. Temo volverme una madre blogger que sólo recomienda sacaleches. Así que si el empeño me acompaña, en lo sucesivo escribiré en soledad, a oscuras, amacando el cochecito.

Agradezco la buena onda que siempre recibí acá. En casi tres años nunca tuve un comentario ofensivo y eso en Internet es mucho. Sobre todo para mí, que detesto la controversia gratuita que genera este medio y que ahora, por otra parte, debido al factor hormonal, capaz que me haría llorar.

Acá me quedo, entonces, payando en soledad, con el mate a centímetros y la imposibilidad técnica de describir lo mejor que me pasó en la vida, que en la foto aparece en su primera visita al mar, el fin de semana pasado.

Además, está por pedir teta y todavía no saqué la ropa del lavarropas.

Te dejo, che. Fue un gusto. Muy rico todo. ¡Nos vemos la próxima!

martes, 23 de febrero de 2010

Ser Antonia


La obstetra Graciela y el anestesista con cara de loco (pongámosle López) parecen en trance durante mi cesárea.

-¡¡¡Vamos López!! ¡¡Ahora!! Espere. ¡¡Vamos!! Pare. ¡¡Vamos López!! Espere. ¡¡Espere!! Empuje, vamos. ¡¡Ahora!! Espere. Espere, López.

El quirófano está cubierto de azulejos azules y es chico, cuatro por cuatro. Debe haber unas diez personas, entre enfermeros, médicos, ayudantes y mi hermano Jhony, presente en calidad de cirujano. La canción de Ricky Fort suena bajito en una radio mientras me colocan la peridural en la espalda.

I know you want me, you know I want you, I know you waaaant me, you know I want you...

-Qué raro es vivir este momento acordándome de alguien como Ricardo Fort -digo. Todos festejan mi excelente chiste: seguramente es mejor mantenerme tranquila.

Empieza la acción. Se me duerme la mitad del cuerpo, de la cintura para abajo. La otra mitad se pelotudiza. Me acuestan. Tiemblan manos y boca. Siento que me tocan la barriga, que me pasan trapos, pintan, limpian: no sé. Una sábana me tapa toda la escena. Sólo escucho. 20 minutos después empieza el trance de Graciela con López.

-¡¡¡Vamos López!! ¡¡Ahora!! Espere. ¡¡Vamos!! Pare. ¡¡Vamos López!! Espere. ¡¡Espere!! Empuje, vamos. ¡¡Ahora!! Espere. Espere, López.

Lo de López es un empujón con todo el peso de su cuerpo sobre mi panza, a la altura del esternón. Lo de Graciela es el intento de agarrar la cabeza de la beba desde la incisión que me hizo debajo de donde va la bombacha de la bikini. Una y otra veez. Tardan.

Antonia no quiere salir. Lleva 38 semanas en la panza; no 40, como se supone debe ser. Pero hay que sacarla igual. La colestasis empeoró y hay que sacarla.

Y Antonia sale. Y llora. La escucho. Yo también lloro, con ruido finito, desencajada.

Me la acercan envuelta en una sábana azul. Casi tan azul como ella.

-Hola bebita.

***

Hace dos semanas que Antonia es fuera de la panza. Dos semanas en las que las horas van en quinta, sin dormir, viendo crecer mis tetas llenas de leche. Chorrear leche. Dar leche. ¡Tanta leche! Escuchando a E., bobo, bobísimo, utilizando términos bobalicones: "beboncio", por ejemplo.

Y acá estamos, en casa, los tres, jugando a la casita. Mirándonos.

Porque todo es mirar. Mirar a Antonia, mirarnos entre nosotros. Mirar y mirar.

Ahora Antonia llora y se duerme a un ritmo cronometrado de unos dos minutos por vez sobre una especie de mini reposera: el "huevito". Lloriquea, se duerme; lloriquea, se duerme. Quiere teta. Más y más teta. Upa.

Me mira.

-Hola bebita.