lunes, 5 de abril de 2010

Brutal aclaración


Hace muchos años que sé que me gusta escribir. El problema es que no sé cómo se hace. A ver: algún que otro cuentito sobre la cantidad de veces que he visto gente masturbándose en la calle quizá ha resultado ingenioso, pero pará de contar. De un tiempo a esta parte me he olvidado de cómo se teclea una sola abstracción.

La culpa la tiene mi hijita Antonia. Su nacimiento hace dos meses me llenó de un amor exagerado que roza lo patológico, pero también me embruteció.

Bruta, dije.

Tartamudeo cuando quiero expresar una idea. Me choco paredes. Si deseo algo con todas mis fuerzas, eso es dormir. Hacer la cama requiere de planificación. Ordenar la casa ya es física cuántica.

Decí que leo mientras ella toma la teta, que si no estaría sentada como colicué, cruzada de brazos, balanceándome en un rincón.

Por todo esto me da vergüenza escribir. El blog se ha vuelto demasiado egocéntrico y, otra vez, no sé qué decir. Temo volverme una madre blogger que sólo recomienda sacaleches. Así que si el empeño me acompaña, en lo sucesivo escribiré en soledad, a oscuras, amacando el cochecito.

Agradezco la buena onda que siempre recibí acá. En casi tres años nunca tuve un comentario ofensivo y eso en Internet es mucho. Sobre todo para mí, que detesto la controversia gratuita que genera este medio y que ahora, por otra parte, debido al factor hormonal, capaz que me haría llorar.

Acá me quedo, entonces, payando en soledad, con el mate a centímetros y la imposibilidad técnica de describir lo mejor que me pasó en la vida, que en la foto aparece en su primera visita al mar, el fin de semana pasado.

Además, está por pedir teta y todavía no saqué la ropa del lavarropas.

Te dejo, che. Fue un gusto. Muy rico todo. ¡Nos vemos la próxima!

martes, 23 de febrero de 2010

Ser Antonia


La obstetra Graciela y el anestesista con cara de loco (pongámosle López) parecen en trance durante mi cesárea.

-¡¡¡Vamos López!! ¡¡Ahora!! Espere. ¡¡Vamos!! Pare. ¡¡Vamos López!! Espere. ¡¡Espere!! Empuje, vamos. ¡¡Ahora!! Espere. Espere, López.

El quirófano está cubierto de azulejos azules y es chico, cuatro por cuatro. Debe haber unas diez personas, entre enfermeros, médicos, ayudantes y mi hermano Jhony, presente en calidad de cirujano. La canción de Ricky Fort suena bajito en una radio mientras me colocan la peridural en la espalda.

I know you want me, you know I want you, I know you waaaant me, you know I want you...

-Qué raro es vivir este momento acordándome de alguien como Ricardo Fort -digo. Todos festejan mi excelente chiste: seguramente es mejor mantenerme tranquila.

Empieza la acción. Se me duerme la mitad del cuerpo, de la cintura para abajo. La otra mitad se pelotudiza. Me acuestan. Tiemblan manos y boca. Siento que me tocan la barriga, que me pasan trapos, pintan, limpian: no sé. Una sábana me tapa toda la escena. Sólo escucho. 20 minutos después empieza el trance de Graciela con López.

-¡¡¡Vamos López!! ¡¡Ahora!! Espere. ¡¡Vamos!! Pare. ¡¡Vamos López!! Espere. ¡¡Espere!! Empuje, vamos. ¡¡Ahora!! Espere. Espere, López.

Lo de López es un empujón con todo el peso de su cuerpo sobre mi panza, a la altura del esternón. Lo de Graciela es el intento de agarrar la cabeza de la beba desde la incisión que me hizo debajo de donde va la bombacha de la bikini. Una y otra veez. Tardan.

Antonia no quiere salir. Lleva 38 semanas en la panza; no 40, como se supone debe ser. Pero hay que sacarla igual. La colestasis empeoró y hay que sacarla.

Y Antonia sale. Y llora. La escucho. Yo también lloro, con ruido finito, desencajada.

Me la acercan envuelta en una sábana azul. Casi tan azul como ella.

-Hola bebita.

***

Hace dos semanas que Antonia es fuera de la panza. Dos semanas en las que las horas van en quinta, sin dormir, viendo crecer mis tetas llenas de leche. Chorrear leche. Dar leche. ¡Tanta leche! Escuchando a E., bobo, bobísimo, utilizando términos bobalicones: "beboncio", por ejemplo.

Y acá estamos, en casa, los tres, jugando a la casita. Mirándonos.

Porque todo es mirar. Mirar a Antonia, mirarnos entre nosotros. Mirar y mirar.

Ahora Antonia llora y se duerme a un ritmo cronometrado de unos dos minutos por vez sobre una especie de mini reposera: el "huevito". Lloriquea, se duerme; lloriquea, se duerme. Quiere teta. Más y más teta. Upa.

Me mira.

-Hola bebita.

jueves, 7 de enero de 2010

Colestasis


Ayer por fin me tranquilicé.

Los días previos había llorado con lágrimas gruesas porque se me había quemado una tarta de puerros, Esteban había dejado el bolso de boxeo tirado y en la radio habían pasado la canción que Iván Noble le canta a su hijo Benito.

La razón real de tanto moco se llamaba "colestasis", una cagada propia del embarazo de ocho meses que ha hecho que mi hígado funcione como un pelotudo.

La noticia disparó un operativo familiar:

1. Hermanos y cuñadas, todos médicos, se abocaron a la tarea de calmar e informarse/me.

2. Madre sumamente católica encausó cadena de oración de las monjas del colegio donde trabaja.

3. Marido Esteban inventó una crema con avena Quaker para calmarme la picazón del cuerpo, el síntoma principal de la colestasis. Leyó que servía, así que molió cereal en la licuadora, lo mezcló con crema y colocó en tapercitos en la heladera. Luego lo desparramó sobre mi piel. Como funcionó, repitió el dispositivo varias veces. Desde entonces, en mi casa soy un bombón de Quaker con pantunflas.

4. Padre Pelado repitió y repitió "todo va a estar bien".

Y ayer respiré, decía. Porque fui con mi mamá hacerme una ecografía, una más de tantas en las que no había visto nada, y no sólo me enteré de que Antonia estaba bien a pesar de la colestasis, sino que descubrí por primera vez su cara. Y cachetes y lengua y boca y ojos y nariz. Mi mamá asegura que también pestañas.

Uy, lloro: me manché la remera con yogurt.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Dos señoras. Valientes. En la procesión de la Virgen.


-¿Y? ¿Te enganchaste con la novela?
-¿Con cuál? ¿Botineras?
-Sí.
-Ví el primer capítulo. Linda, sí. Pero me quedo con Valientes.
-Ahhh, es que esa está tan bien. Tan linda.
-Ay, sí. ¿Viste? La Alma está embarazada.
-Sí. ¡Se puso de buena!
-Lástima los rulos de Luciano Castro. Yo no sé cómo lo dejan actuar así. El otro día lo enfocaban de espaldas, saliendo de la ducha. ¿Lo viste? Era una cosa toda así de grande. De rulos. ¡Los tatuajes! ¿Lo viste?
-¡Sí!
-Yo a Botineras no lo quiero ver porque no lo soporto a Cabré. Es tan asqueroso ese muchacho, pobre.
-Símmm.
-Espero no engancharme con ninguna otra novela. Con el calor está lindo para sacar la sillita a la calle, viste.
-Sí. Ahí viene la procesión.
-¡Qué despacito!
-¡Y cantando, repetiré tu nombre, María, de Nazaret! ¡Y cantando repetiré tu nombre...!
-¡Y cantando, repetiré tu nombre, María, de Nazaret! ¡Y cantando repetiré tu nombre...!

Hace un par de viernes a eso de las 20.30 acompañé a mi mamá a una procesión en adoración a la Virgen Milagrosa alrededor de la plaza de Villa Mitre. Como ya estoy de siete meses y medio de embarazo y camino como un pato alcoholizado, unos señores de pechera amarilla con inscripción "Procesión de la Medalla Milagrosa - Organización" me hicieron sentar junto a un grupo de 30 ancianos y enfermos. Atrás mío, dos señoras conversaban.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Sin tu tía


Las reyertas familiares son las peores. Y no me refiero a la que puedo tener yo con mi hermano El Jhony porque en el post de más abajo lo traté de de obsesivo compulsivo con aires de semi Dios. No. Los bravos son los despelotes duraderos, trascendentes, los que embadurnan Navidades, nacimientos y velorios. Esos en los que "Si va tu prima, no voy", "Qué porquería de vitel toné el de tu casa: no tiene alcaparras; ni siquiera aceitunas" o "Tu madrina me mira feo, es una argolluda".

Flor de pelotera, por ejemplo, es la que debe haber tenido la mamá de Cintia con su cuñada.

Porque esta mujer odiaba tanto, pero tanto a la hermana de su marido que dedicó el nombre del bebé que llevaba en la panza, que era Cintia, al veneno que le generaba su cuñada.

¿No se entendió?

Cintia: sin-tía.

jueves, 29 de octubre de 2009

¡¡¡A la buena de Dioooooooooss!!!


-¡¡A la buena de Dios!! ¡¡¡A la buena de Dioooooooooss!!!

Mi hermano El Jhony gritaba ayer mirando el cielo cuando pasé por su casa. Sentado como colicué, en cuero y malla amarilla, sacaba yuyos del césped con una tijerita y se lamentaba, eclesiástico, igual que señora irritada en peluquería de barrio.

Es que El Jhony, como cualquier nacido y criado en Bahía Blanca, está muy preocupado por la falta de agua. Que la sequía más grande de los últimos 60 años, que el dique Paso de las Piedras es un arroyito, que cómo nos vamos a bañar en el verano, que por qué no nos vamos a vivir a la mierda o a San Martín de los Andes.

Para colmo, tanto él como yo somos colonizadores: vivimos sobre infernales calles de tierra, en el mismo barrio, plaza por medio.

-¡¡A la buena de Dios!! ¡¡¡A la buena de Dioooooooooss!!!
-¿Qué te pasa, loco de la guerra? ¿Por qué gritás? -pregunté desde la ventanilla de mi pequeño vehículo.
-¡¡No pasa el regador!! ¿¿O vos viste el camión regador?? ¡Odio la tierra, che! ¡Estoy harto! ¿Vos viste el camión?
-No, tampoco lo ví. Hace rato que no pasa, es cierto.
-A la buena de Dios, ¿no te digo?

La escasez de agua en Bahía Blanca ya tiene consecuencias psicológicas. De veras. La falta de humedad en tierra y plantas ha pegado en la psique local.

Además, es notable. Los bahienses nos hemos vuelto geólogos: hablamos sobre tanques de agua, cisternas, riego por aspersión y perforaciones, todo salpicado de frases de vieja usanza del tipo:

-¡¡La flauta!! ¿¿Cuando se va a terminar la seca??

o

-¡¡A la buena de Dios!! ¡¡¡A la buena de Dioooooooooss!!!

jueves, 15 de octubre de 2009

On the record

-Cada vez que se usaron las franciscanas me compré un par.
La Asesina, dando lugar a una inusual medida de tiempo: la moda. ¿Cuántas veces se usaron las franciscanas a lo largo de su vida? Es notable. Yo recién llevo una ronda de jeans elastizados, borceguíes, chupines y zapatillas chatas.

***

Ojo con las embarazadas. Mienten. Si les toca una cola que representa más de hora de espera, se hacen las que se las baja la presión y montan un numerito que incluye: A. Mano tembleque sobre la frente. B. Con la mano libre, sostén en la cintura. C. Comentario al de atrás:
-¿Me guardás un momento el lugar? Me siento mal. Busco una sillita.
Hace unos días monté el dispositivo tan pero tan bien que se volvió real y me desmayé en serio.

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-Si tiene buen cuerpo, a la mujer se le nota en la cara.
Esteban.

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-Quiero surfear. Si no surfeo no me gusta. Yo quiero surfear.
Pili.

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-Tengo memoria, hermano, al que no creía, a los que no creyeron. Con perdón de las damas, que la chupen y que la siguen chupando. Soy blanco o negro, gris no voy a ser en mi vida. Sigan mamando, ustedes me trataron como me trataron.
Maradona.

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-Mis viejos no entienden que se trata de un proceso de búsqueda de felicidad. Sólo ven que estoy por renunciar a un trabajo ideal.
-Tus viejos son de otra generación. De "esa" generación. No pretendas que entiendan. Para ellos, "honradez" es "trabajo", "sacrificio".
Mona Lisa y yo, el sábado pasado a la tarde.

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-¿Por qué no me puedo fumar toda la marihuana que quiero, drogarme hasta reventar? Se suicidó mi esposa, señores. ¿Dónde dice cómo hay que reaccionar ante algo así? Lo que a ustedes les molesta es que yo no resuelva esto de un modo más o menos preestablecido. Les molesta que los desoriente.
Kevin Spacey, en Shrink.

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-Ay, mami, tengo un embole...
-¿Y yo?
Anita y su mamá por teléfono, desde Buenos Aires y Bahía Blanca, respectivamente, un domingo a la tarde.

***

Mañana me entero si voy a ser madre de una hija o de un hijo.