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Manejar con el marido en el asiento del acompañante y, por temor al equívoco, romper espejos y estacionar para el ort%&$%.
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Dejar escapar sin chequear una falta de ortografía.
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Decirle al gerente de la empresa donda trabajás:
-Yo pertenezco a la generación que cuando se harta de una condición no espera demasiado. Si ve que la cosa no cambia, busca otra cosa y se va. A esa generación pertenezco.
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Hacer una escena de celos por Internet, vía blog.
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Acariciar en la cabeza al vecinito de tres años que grita, grita y grita como un sindicalista reclamando paritarias.
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Atender a un vendedor ambulante desconocido en la puerta de la casa y mantener el siguiente diálogo:
-Buen día, señora. Tengo estos repasadores para ofrecerle.
-¿A ver?
-Ayer pasé a la mañana y no había nadie.
-Ah noooo... ¿Sabe qué pasa? Que a la mañana es imposible. Hasta las cinco, más o menos, acá no hay nadie.
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Dejar a la bebita de ocho meses sola arriba de la cama grande y que se caiga de cabeza al suelo.
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Tener 15 años y decirle a tu mamá:
-Vos no sabés nada de la vida.
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Gastar 80 pesos en dos chupetes de origen inglés.
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No invitar a Marito al casamiento por temor al enojo del resto del equipo.
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Decirle a alguien que durante un tiempo te cagó la vida:
-Me cagaste la vida.
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Tener un blog y no atender amablemente los comentarios.




