martes 7 de febrero de 2012

Hace dos años era domingo


Hace dos años era domingo. Me levanté temprano y con calor. Me picaban mucho los pies y la panza, que como tenía a Antonia adentro parecía una fruta transgénica, una para que el diario titulara "Sorprendidos, chacareros cosechan una pera de diez kilos". A pesar del miedo y las molestias, sentía una inmensa euforia. Esa misma tarde, aunque era domingo, mi obstetra me iba hacer algo llamado "separación de membranas", algo así como un ingreso consentido a la dignidad misma de una embarazada. El objetivo era iniciar e inducir el trabajo de parto. Y así fue. A las cuatro de la tarde, con 40 grados a la sombra, estacionamos el auto con Esteban frente a un consultorio (y una calle y una ciudad) completamente vacío. La operación dolió, claro que sí, pero yo me sentí feliz, incluso en ese inquietante momento. Volvimos a casa y resolvimos salir a caminar, dando vueltas alrededor de la plaza de enfrente. Una, dos, tres vueltas. "Al bebé le hace bien", me habían dicho. Finalmente, oscureció. Cenamos liviano; pechuga de pollo con ensalada de lechuga, creo. Nada más ocurrió durante el resto de la noche. Pero a las ocho de la mañana del día siguiente... 

Y ya hace dos años.

lunes 26 de diciembre de 2011

Postales navideñas

  • Antes de anoche en Navidad comimos: calamares a la provenzal (los hice yo), lenguas con cebolla y zanahoria, ensalada de tomate, lechuga y palta; papas con huevo y mayonesa, arrollado de pollo y arrollado de chancho acompañados de puré de manzana. Ensalada de fruta de postre, maní con chocolate, pan dulce y turrón. "Tal como quería Jesús", dijo Liniers.

  • Mi hermano El Jhony va a tener su primera hija mañana. Llega Emilia. 

  • Mi nuevo vecino escucha Radiohead. Qué alegrón. Quiero que su mujer y yo seamos amigas. Y que nuestros hijos jueguen juntos.

  • Recién nomás, mientras escribía el párrafo de más arriba, Antonia, que en febrero cumple dos, se acercó con el pañal en la mano y me mostró que adentro había una bola marrón del tamaño de una pelota de golf. "Caca", dijo.

  • Me pasé todo 2011 tratando de dilucidar cuál es la mejor forma de trabajar sin llorar de estrés y culpa. Muy de revista Ohlala todo el asunto. Van a hacer dos meses que trabajo desde mi casa escribiendo contenido web: blogs y otras yerbas. Ya tengo dos clientes fijos. Más algunas changas virtuales. Desde entonces miro con Antonia Pocoyo, hago yoga y tomo mate en el patio a la tarde preocupada porque el jazmín crezca derecho. ¡Oh La La!

  • Detesto la utilización de Internet (Facebook a la cabeza) como una plataforma para expresar felicidad. Para caretearla, bah. Está bien cada tanto y es lindo. ¿Pero todo el tiempo? ¿Siempre? Me aburre y no lo creo. Sin embargo, releo lo de más arriba y me parece que es lo mismo. Para el caso, tendría que haber escrito algo así:

en casa con la flía. lo mejor! aahhh, q feliz... 
:) :) :) :) :) :)  :) :) :) !!!
About an hour ago vía BlackBerry

miércoles 30 de noviembre de 2011

Envidia (y de la mala)

Tengo envidia (y de la mala) del césped de mis vecinos. Es perfecto. Parece una alfombra, un ejemplo de bienestar emocional. Tiene carácter y es tan verde somo una sopa de espinaca triturada. Debo admitirlo: me molesta. Tan es así que ayer opiné lo siguiente:

-Son unos grasas, estos. Usan fertilizante, riegan cinco veces por día. Con veneno para la tierra y miles de litros de agua potable cualquiera tiene un césped así. Les importa un pito el medio ambiente, manga de forros. Encima se dan el lujo de contratar un jardinero. ¿Quién se creen que son?

Pero ya pasó. Hoy me siento libre, transparente y sincera; creo que hasta huelo a vainilla. Todo por admitir que tengo celos. Más aún, por confesar que yo también quiero un césped bonito, húmedo y apto a vuelta carnero. Entonces, ¿qué hago? Eso mismo me pregunté esta mañana, así que agarré el auto, estacioné en el vivero y compré dos kilos de fertilizante.

jueves 17 de noviembre de 2011

Asociación libre

Antes de casarnos, Esteban y yo hicimos el curso prematrimonial, una serie de encuentros semanales entre diez parejas en los que se hablaba sobre la importancia de la familia. Fue ahí donde conocí a Gerardo y Marisa, ya casados y padres de tres hijos, quienes llegaron al final en calidad de oradores.

-Los métodos anticonceptivos no son aceptables para quienes deciden casarse por la Iglesias Católica -empezó él. Tenía unos 30 años y era alto, rubio y fornido. Ella estaba embarazada y sonreía con pocos dientes en forma constante.

Las diez parejas quedamos tiesas. En el encuentro anterior habíamos confesado que todas (repito: todas) convivíamos. Que ninguna tenía hijos, lo que llevaba a la conclusión de que hacíamos la cochinada con más o menos con frecuencia y, a juzgar por los resultados, con métodos anticonceptivos.

Entonces hice una asociación libre. Se me pudrió el cerebro. A favor o en contra, lo que había dicho Gerardo era coherente con la doctrina de la Iglesia, pero yo me lo imaginé junto a Marisa haciendo la porquería dentro y fuera de su casa, adelante de sus vecinos, a toda hora y a todo motor, salvajes y dignos de un documental de Discovery Channel sobre época de apareamiendo. Sin ningún motivo, asocié la anticoncepción con una porno. Chicha y limonada. Cualquiera, bah.

El curso prematrimonial continuó sin que ninguno de los presentes confesara cuán asidua e histórica era su actividad sexual: todos, sin excepción, mantuvimos una inexpungable cara de zota. Finalmente, Gerardo y Marisa se retiraron de la sala. Yo quedé convencida de que al llegar a la vereda se desnudaron y pegaron como perros.

Y quién dice. A lo mejor lo hicieron. Porque casi tres años más tarde, ayer me los crucé en el jardín de mi hija. El manejaba una rural; ella iba embarazada, con no menos de seis chicos apilados en la parte de atrás del auto.

Una vez más y sin explicación, se me pudrió el cerebro.

sábado 29 de octubre de 2011

El corset

Cuando tenía 14 años me tuve que poner un corset. Una especie de chaleco de plástico que recubría todo mi torso abajo de la ropa. Tenía escoliosis y había que poner "un tutor al arbolito por un par de años". Ese era el espantoso y estúpido eufemismo que usaban los médicos. El corset era en realidad una armadura. Mi hermano me llamaba Terminator. Sentía tanta vergüenza que durante dos años suspendí campamentos, salidas, tardes de playa, ir a dormir a lo de las amigas. Tenía terror de que alguien me abrazara y, como ocurrió una vez, me dijera, "Ay, ¡¿qué tenés?!". Me volví mala. Malísima. Si me lo sacaba para bañarme o simplemente descansar, lo guardaba abajo de la cama para no verlo. Con el tiempo le hicieron un recorte a la altura del pecho, para permitir que mis lolas crecieran con normalidad. Entonces dormía boca arriba, con las manos en posición de rezo, pero al revés. Así conseguía tocar cuerpo, algo normal, en lugar de plástico. Pasaron 16 años y cada tanto me despierto con las manos en esa posición. Hoy fue uno de esos días.

domingo 2 de octubre de 2011

Los chicos de Sistemas


Por algún motivo inexplicable, los chicos de Sistemas de la empresa donde trabajo, Gonza, Ale y Marce, te obligan a rendirles pleitesía.

  • Si querés que te instalen el Windows 7, les tenés que llevar una docena de facturas. Pueden ser sandwiches.

  • A las tres de la tarde, todos los días sin falta, te tenés que acercar a su oficina a servirles un té.

  • Los tenés que mantener informados acerca de todo lo que sepas extraoficial relativo a la empresa.

  • Y te tenés que reir de sus chistes. Como el del sobrenombre que le pusieron a un compañero del piso de abajo, "Peceto", solamente porque el tipo es muy tranquilo y, en consecuencia, no tiene nervios.


  • Pues el otro día fui yo la que cayó en desgracia. Habíamos compartido un casamiento, el de uno de ellos, Gonza, donde había habido bastante champagne, baile y diversión de la buena. Cuando el novio volvió de la luna de miel, nos juntamos unos cuantos en la oficina de Sistemas, incluyendo al director general de empresa, y ocurrió lo siguiente.

    -Ya tengo las fotos del casamiento -contó Gonza.
    -¡Buenísimo! ¡Traelas! -dije.
    -No sé, Lelé. No sé si vas a querer que las traiga.
    -¿Por qué?
    -Porque en una aparecés con el vestido corrido.
    -¡¿Hjkjgsuguitsrruqué?! ¡¿En serio?! ¿¡Se me vio una ttttett...!? No puedo soportar esto. Chau. Me voy.

    Y me fui a mi casa, escuchando cómo todos se morían de risa. En ese momento me puse colorada. Dormí colorada. 24 horas después, cuando ya pensaba en llamar al dermatólogo por tanta rosácea, pasé de largo por la oficina de Sistemas. Cinco segundos después escuché un grito:

    ¡¡¡Era mentira!!!

    sábado 17 de septiembre de 2011

    Con vista al ombligo

    Semanas ocupadas, las últimas. Si miro para abajo, en dirección a mi ombligo, esto es algo de lo que quedó:

    1. Mi hija come alcauciles. Me pone contenta.

    2. Continúo en mi trabajo habitual, pero volví a escribir. Desde hace un tiempo redacto páginas web y otros contenidos, como por ejemplo: ¡blogs!

    3. Cerca mío hay dos personas, dos mujeres, que no me quieren. Lo percibo. Es obvio, bah. Juro que nunca más las voy a invitar a tomar la leche a mi casa.

    4. Engordé un par de kilos. Ando culoncita y con cierta barriga.

    5. Ayer, cuando la directora del jardín de mi hija me dijo "Antonia es un amor, es buena y se integró bárbaro con los chicos" sentí eso de "M'hijo el dotor".

    6. Fumé algunos cigarrillos en las últimas semanas: cuatro o cinco, no más. Los disfruté.

    7. Hoy en el supermercado dos tipos me gritaron un piropo. ¡En buena hora! Hace bien al espíritu que cada tanto a una le digan una barbaridad.

    8. Odio mi auto.

    9. Aunque suene a lugar común, me alegra que broten los árboles en primavera. Por lo mismo, me saca de quicio que el limonero del patio no me de un puto limón para ponerle a la Sprite.

    10. Mi vecino tose como Shrek con tuberculosis. Es desagradable.